El cine como espejo cultural: atómicos cómicos o monstruos gigantescos
El cine, así como otras tantas creaciones artísticas, funciona como un espejo cultural de su contexto. Para desarrollar brevemente un ejemplo sencillo, se pueden analizar someramente las lecturas, apropiaciones e interpretaciones del poder destructivo de la energía atómica y sus efectos en dos contextos culturales diferentes: Japón y los Estados Unidos.
Nueve años después de los bombardeos a Hiroshima y Nagasaki, apareció por primera vez en las pantallas de cine japonesas Godzilla (1954), el escamado monstruo gigantesco de aspecto parecido a un dinosaurio y dotado con súper poderes destructivos despertó enfurecido de su letargo milenario como resultado de los efectos colaterales de explosiones atómicas cercanas a su escondrijo subacuático, desde entonces, ha sido responsable de la reducción de Tokio a escombros una y otra vez, en cerca de 30 películas distintas.
En el mismo año que vio nacer a Godzilla, en las salas de cine estadounidenses se estrenaba The Atomic Kid, una comedia ligera en donde Barnaby “Blix” Waterberry, interpretado por Mickey Rooney, sobrevive milagrosamente a una explosión atómica gracias a una extraña reacción química producida por su afición por la crema de maní. Tras el incidente, “Blix” adquiere poderes atómicos extraordinarios que llevan a diversas situaciones humorísticas que van desde su colaboración como espía del FBI, hasta el encuentro fortuito con el amor de su vida.
Así, vemos que a casi una década de los bombardeos atómicos a las ciudades niponas, el horror, la devastación incontrolable, la tragedia, la monstruosidad y la incesante sensación de peligro, permeaban en el cine y en la sociedad japonesas; mientras que, en los Estados Unidos, con películas como The Atomic Kid, podemos divisar que el American way of life de la posguerra amalgamaba sin preocupaciones y sin ningún ánimo crítico o reflexivo, las explosiones atómicas con crema de maní, chistes fáciles, caricaturizaciones de la labor detectivesca y una historia de amor dulzona, estereotípica y poco profunda: en “América”, la era atómica se traducía en comedias-ciencia ficción; en Japón, en horror-ciencia ficción.
Entrelíneas –o mejor dicho, entrefotogramas– a través del cine, es posible vislumbrar las creencias, los temores, los traumas, los anhelos, las virtudes y los vicios del contexto cultural que lo concibe, lo consume y lo disfruta.

El cine es un lenguaje universal, destinado a circular, que tiene esa capacidad de recoger preocupaciones flotantes, de transformarlas en relatos. Y éstos, más allá de las idiosincrasias particulares, remiten a un fondo común, a los grandes cuestionamientos y aspiraciones de nuestros tiempos, al inconsciente colectivo, a las pequeñas obsesiones y a los grandes dramas pero, sobre todo, a todo cuanto remite a los referentes fuertes en los que todos nos reconocemos. (Imbert, 2010, p.21)
De este modo, el contenido de una película y las formas en las que aborda determinadas problemáticas o en las que representa a determinados personajes, en conjunto, pueden funcionar como instrumentos para realizar aproximaciones al entendimiento y a la explicación de valores y comportamientos culturales específicos.
REFERENCIAS
Imbert, G. (2010). Cine e imaginarios sociales. El cine posmoderno como experiencia de los límites (1990-2010). Madrid, España: Ediciones Cátedra.